Generalmente cuando uno se comporta mal con otra persona, ello genera otro acto similar por parte de dicha persona, o al menos una omisión del
bien. La cuestión es si nuestras acciones buenas, generan también bondad a nuestro alrededor. De pequeño me educaron en este tema, pues fui miembro de los Scouts un largo tiempo y me enseñaron lo de la buena acción diaria, que, a pesar de mis errores y fallos diarios, intento seguir haciendo ya de adulto.
Puede que nuestros actos buenos no generen respuestas bondadosas, al menos en la misma medida e intensidad, pero seguro que no originarán acciones negativas o malas. Y ya solo por eso es una buena forma de comenzar a hacer las cosas y de enfrentar la vida: intentar hacer el bien.
La verdad que muchas veces la vida hace daño o te lastima. Pasas ante tantas personas que “pasan” de ti, y antes quienes eres un número o una pieza más del engranaje, que cuando lo sufres en tu carne te hace pensar si tú no has actuado así, de la misma forma, ante los demás. Por eso, mi reflexión de hoy. Que al menos no lastimemos ni hagamos daño a los que nos rodean. Puede que entonces haya menos cosas que nos hagan sufrir a nuestro alrededor. Así y todo las habrá, pero intentemos que sean las menos posibles y será una forma de colaborar con los demás.