Habiendo estado hoy escuchando a una persona podría decir que he pasado el día sorteando heridas, como si viviera la experiencia de muchas batallas perdidas. Me contaba las ilusiones que tenía en sus quehaceres, la nostalgia que sentía de sus tiempos bravos, de cuando vivía desvelado laboralmente en algo que hacía bien a los demás, y no le importaba cabalgar por la vida soportando inclemencias y cruzando tierras inhóspitas.
Pero ahora se encontraba con muchos dolores en su corazón. Otros vinieron detrás suyo y sin el más mínimo reconocimiento conquistaron su terreno, y lo dejaron en el camino como si fuera una persona vencida, cuando no se había dedicado a luchar contra nadie.
No pueden hablar mal de su persona, no tienen motivos, pero lo han dejado preso de ilusiones, sin ánimo para seguir soñando en cosas diferentes, y viendo con impotencia como los que hoy intentan seguir su camino dejan a la mitad cosas que son importantes, como atender no solo profesionalmente sino también con el corazón a los que se acercan en situación social de necesidad. Son personas al fin de cuentas. Y mientras no crezcan, algo estaremos haciendo mal.
Está caminando en el desencanto. He intentando abrir horizontes, que hay más veces que sale el arco iris, y que sus colores siguen iluminando el horizonte. Tal vez mi contribución a que esta persona se sienta mejor ha sido el tiempo que he dedicado en escucharle. Ojala la próxima vez que le vea, y procuraré que no sea tarde, se encuentre otra vez oteando nuevos horizontes.