Hace sesenta años que se pusieron de acuerdo y lo firmaron. Poco a poco se
han ido añadiendo otros y han manifestado lo mismo. Me refiero a la Declaración universal de los derechos humanos. Pero no lo han cumplido. Los gobiernos de todo el mundo deberían pedir disculpas, excusas a los ciudadanos por mentir en torno a ellos, por firmar y no cumplirlos. Así se han manifestado hoy los responsables de Amnistía Internacional.
No tienen vergüenza. Cuando se reúnen hacen bonitas declaraciones. Dicen que están para servir a la gente, a las personas, a los pueblos. Somos, dicen en mi pueblo, el gobierno para las personas. Pero las personas todas no podemos disfrutar los derechos que nos han dado. Y entre más pobres, menos satisfechos sus derechos. En muchos pueblos no hay libertad de expresión, en otros la gente tiene que huir por guerra o hambre, pero allí donde van los expulsan o devuelven de mala manera a sus casas. Tenemos derecho a la vida pero en muchos lugares sigue la pena de muerte.
Casualmente hoy después de ochenta y tantos años el gobierno australiano ha reconocido que se equivocó condenando a muerte a una persona y se ha justificado ante sus nietos. ¡Menuda cara la de todos¡ Lo bueno sería ponernos de acuerdo en la aldea global y no asistir a ninguna votación más. Que la abstención positiva de un noventa por ciento de la humanidad nos ayudara a descubrir, les ayudara mejor a descubrir a los políticos que ya está bien. Que basta de mentiras. Podemos saber más cosas de estas y muy concretas visitando la página de Amnistía Internacional que nos dará datos, cifras, números, relaciones asombrosas de los incumplimientos en esta materia. Y llevamos sesenta años. Y al ritmo que vamos, la cosa parece ir a peor.