La visita del Papa al país más poderoso del mundo ha sido notoria. Lo curioso es que lo más importante a nivel de noticias no haya sido su discurso en las Naciones Unidas, donde de una forma suave haló las orejas a los dirigentes políticos en sus estrategias a favor de la paz, sino que lo más divulgado haya sido lo que le duele a la gente de aquel país con la Iglesia. Y es normal.
El hecho de los miles de sacerdotes que han pillado dedicados a la pederastia es
impresionante, el dinero que la Iglesia en Usa ha tenido que aflojar en indemnizaciones ha sido también de fábula. Pero la gente se queja de que dichos sacerdote siguen realizando su trabajo en otras parroquias, en otros lugares, y el problema puede continuar. Y creo que tienen razón. Que todos podamos tener fallos y debilidades humanos es claro y aceptable, también para los sacerdotes. No son ángeles. No han bajado del cielo. Son de carne y hueso como lo somos los demás.
Pero, hombre, el tema de la pederastia es un tema mayor. En cualquier persona y, sobre todo, en un sacerdote. Estoy de acuerdo con las famosas listas que deban hacerse públicas, y también con que sean removidos del sacerdocio. Pues que se dediquen a otra cosa, a carpinteros, a dar clases, a vender seguros, a promocionar viviendas. Y que se les siga vigilando. Pero que no se les vuelva a pillar in fraganti ejerciendo una condición que en si misma carga nobleza de sentimientos como es la del sacerdote. Si son gente para que los demás podamos confiar en ellos, ejemplos como esos son bastante negativos.
Brindo y saludo el hecho de que el Papa no se escondiera ante el tema, que afrontara las preguntas que le hicieron los periodistas, que manifestara su sentimiento de vergüenza ante estos hechos, que se haya reunido con víctimas de esta situación sin alardes de imágenes públicas. Pero brindo también y saludaré con efusión si a los que han pillado y pillen en estas situaciones los dejen fuera del ejercicio de sacerdotes. Que se dediquen a otra cosa, que también va a ser noble, como todas las que hacemos los seres humanos, pero no a una que por vocación y misión deben ser ejemplo público y notorio para toda la gente, seamos o no creyentes.