He leído en una revista algo que, siendo generoso, califico como simpatiquísimo. Resulta que un obispo holandés ha aconsejado a los jóvenes católicos que si no quieren caer en las tentaciones o deseos sexuales coman menos carne, porque ésta estimula la libido. Como dice un conjunto humorístico de mi ciudad, “yo me quedo bobo”.
Habrían muchas cosas que comentar por mi parte de esta loable iniciativa del buen obispo. Como por ejemplo el alcance científico de esa medida. Dicha propuesta me ha recordado algo que me decía mi padre cuando era adolescente, que cuando era de mi edad adolescente le pasaba lo que a mí, que le salían granitos en la cara (suelen salir como es lógico en toda etapa de crecimiento a los muchachos). Y que el cura de su barrio les decía a los chicos que lo mejor para eliminar los barros – el acné de la cara- era no masturbarse. Mi padre también se quedaba bobo en aquellos momentos de su mocedad.
Otra cosa para pensar es si es malo tener tentaciones o deseos sexuales. Es más bien algo que indica que uno está vivo. Desear el sexo, desear realizarlo, nunca imponerlo a nadie, siempre con el consentimiento de la otra parte, no es una tentación. Es algo positivo, y que denota que la naturaleza humana está funcionando. Es así, es algo natural.
Sigo sin saber por qué los obispos y sectores de la Iglesia están empeñados en condenar el sexo. Todo su problema está en que las relaciones sexuales deben ir encaminadas a la procreación. Y ya va siendo hora de que alguien les haga descubrir que fundamentalmente el sexo es un lenguaje de comunicación entre dos, un lenguaje que expresa afecto, placer, buenas ondas, sentimientos y en muchos casos amor. Y si sale lo segundo, la procreación, cuando se puede y procede, pues adelante. Pero que no está encaminado una cosa a que le siga la otra. Que es para quererse, para gozar, para sentirse bien. Comiendo mucha carne o no. Además eso de comer menos carne no funciona. Lo digo yo. Que como poca carne, no soy muy carnívoro, y los deseos, tentaciones, ganas nunca me han desaparecido.