Las alarmas financieras han disparado en todo el mundo. Hay crisis. La economía se desacelera. Hay crisis. Las empresas constructoras que daban
mucho trabajo al mundo de los trabajadores están en penuria. Hay crisis. La burbuja inmobiliaria se ha destapado. Hay crisis. Los precios de consumo de los alimentos más socorridos y necesarios han aumentado. Hay crisis. Los sueldos no suben y el paro aumenta. Hay crisis. No podremos movernos de nuestras casas. Hay que controlar lo que se compra. Hay crisis. El dinero no alcanza para llegar a final de mes. Hay crisis.
Ha llegado la Semana Santa, se puede circular más fácilmente por las calles de la ciudad. Pero en las salidas hacia las playas, los campos o las estaciones de nieve hay caravana de coches y atascos. Hay crisis. Estos días ha vuelto a subir el precio de la gasolina y la desaceleración alcanza también a las fábricas de automóviles. Se venden menos coches. Pero los atascos en las salidas y entradas a las ciudades no cesan. Hay crisis. Los centros hoteleros de las islas y de las costas del Mediterráneo tienen colgado el cartelito de que están llenos, no hay plazas. Tampoco las hay en los billetes de avión. Hay crisis. No tenemos un euro, pero la mayor parte de los ciudadanos estamos de vacaciones estos días, y la mitad de nosotros no se queda en cada. Hay crisis. Sin embargo, nosotros vivimos como si no nos hubiéramos enterado. Hay crisis. Pero una vez mas tiene razón el refrán: A mal tiempo, buena cara.