Todavía andamos en este país de resaca política. Los resultados electorales están ahí. Todos contentos y todos disgustados. Todos hemos ganado, dice cada uno de los grupos. Los que tienen que cambiar son los otros, dice incluso alguno de los grupos que han tenido una buena debacle. Nosotros hemos conseguido votos de la moderación y de los que votaron a otros la vez pasada, y los otros han logrado votos de la izquierda y del nacionalismo radical. Y ninguno habla de errores y de fallos. Solo he escuchado decir “corregiremos errores” a los que han resultado ganadores. Eso les hace ganar dos veces.
Otros tendrán que renovarse, aunque no lo quieran reconocer públicamente. Algunos se retiran de la vida pública a nivel de responsabilidades políticas en su grupo, como ha hecho el de Izquierda Unida. Otros deberían retirarse, pero los suyos le aplauden y le hacen más fuertes. No cabe duda que España es diferente.
Ojalá este período que comienza sea mucho mas tranquilo y sereno. Ojala aprendemos a ser comprensivos con las ideas de los diferentes, a descubrir que la tolerancia es una cualidad ética que debemos tener los de izquierda, los de derecha y los de centro. Ojala podamos vencer y superar mil y una dificultades que vamos a encontrar en el camino. Ojala dejemos ya los insultos, las descalificaciones, la no valoración de las ideas del otro porque pertenece a otro grupo. Si es verdad que cambiando uno mismo comienza el cambio del mundo, eso no parece que se lo hayan aprendido algunos políticos. Siguen igual de autosuficientes, de creídos, con un sentimiento de superioridad. La humildad no parece haberse hecho para el común de los animales humanos de esta especie o condición. Pero si cada uno no cambia por dentro, la comprensión y la relación con los demás irá de capa caída. Es necesario que todos, políticos y personal de a pie, crezcamos como personas, por dentro.