No puedo dejar pasar por alto un pequeño comentario a la manifestación política que convocaron los obispos españoles el pasado 30 de diciembre en Madrid para defender a la familia. Y digo política, porque lo único que les faltó, a mi juicio, es recomendar el voto por el Partido Popular. Y no digo evangélica porque el tono virulento y verbal-agresivo empleado me parece impropio de mensajeros de tal calibre.
Deberían presentarse a unas elecciones como grupo político organizado y que los ciudadanos voten, porque hablar en nombre de la Iglesia en contra de las leyes que los ciudadanos legítimamente se dan a través de quienes votan me parece contradictorio con su misión. Un país no puede legislar solo para los componentes de una religión. ¿No está eso claro? De joven me enseñaron, cuando se planteaba todos aquellos temas de la Constitución y del divorcio, que las cuestiones de conciencia religiosa no necesitan ser reguladas por el ordenamiento civil. Si un católico cree que no debe divorciarse, pues basta esa creencia, y no necesita ley que lo prohíba. Pero pueden haber otros ciudadanos no católicos que sí que necesitan una regulación que ponga orden en ciertos estilos caóticos.
Las declaraciones episcopales sonaban a campaña electoral ( las elecciones generales son dentro de tres meses) aduciendo que si la democracia va a desaparecer, que si los derechos humanos han experimentado un retroceso. ¿Qué derechos? Al contrario, en España los derechos sociales han significado un gran avance en estos últimos años. Se está legislando también para las minorías, que antes tenían que verse sometidas a los criterios complacientes de las multitudes. Es como si una especie de nostalgia por el nacional catolicismo les invadiera.
El arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco, afirmó que "el laicismo radical puede llevar a la disolución de la democracia". El cardenal de Madrid, Antonio María Rouco, aseguró que "el ordenamiento jurídico ha dado marcha atrás respecto a lo que la Declaración de Derechos Humanos reconocía, que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad". Utilizando a la familia lo que realmente se hizo en esa manifestación fue atacar al Estado y, sobre todo, al gobierno actual, que por otra parte, en negociaciones recientes, les ha subido hasta el 0,7% las aportaciones de los que se declaren católicos en su declaración de la Renta para que ese dinero vaya a la Iglesia. Ni con los del PP lo tuvieron tan fácil. Dijeron también en boca de un cardenal que “la sociedad española vive una gran amenaza social con legislaciones inicuas e injustas”. Pero ¿quién marca esa división? ¿la Iglesia, con sus normas? ¿Las hemos de seguir todos, católicos o no? ¿No es eso lo que criticamos a países musulmanes que se hacen regir por las leyes coránicas para todos sus súbditos? ¿No es algo parecido lo que pasaba en tiempos de la Inquisición donde quienes se expresaban de forma diferente al pensamiento de la Iglesia eran quemados en las hogueras? ¿Es este el Evangelio que predican estos Cardenales y obispos?
Las normativas actuales de nuestra sociedad lo que hacen es ampliar los derechos sociales, y por tanto los derechos humanos, para todos los ciudadanos, de tal forma que nadie se sienta discriminado por razones de sexo, religión, opinión política, discapacidad, costumbres étnicas o culturales, máxime teniendo en cuenta que somos una sociedad abierta donde conviven con los de siempre gente venida de fuera, con otras culturas, prácticas y religiones. Lo que tienen que hacer todas es amoldarse a los derechos humanos que son para todos, también la Iglesia.
A estas alturas ni sé si la Iglesia, a través del Vaticano, ha suscrito los convenios y pactos internacionales en materia de Derechos Humanos. Si lo ha hecho, que revise su postura. Y si por casualidad no lo hubiera hecho, mejor callarse entonces.
¿Sinceramente? Yo había entendido, desde joven, que el Evangelio era otra cosa diferente a lo que predican estos señores. Con todo mi respeto: creo que están equivocados y llevan a la confusión a cientos de miles de personas en esta sociedad. Su responsabilidad es mayor aún.