En el parque de una de las calles cercanas a donde vivo ha aparecido recientemente cabezas de pollo descuartizadas y cosas similares. Todo el mundo está atemorizado, pues piensa que son cosas de santerías o de magia negra. Como menos, de brujería. Y todo el tema de supersticiones ha salido a la palestra en las conversaciones informales entre vecinos.
“A mí me da que pensar estas cosas y les tengo respetillo”, comentaba uno. “Estas cosas no sé si van a algún sitio, pero lo de ver pasar delante de mí un gato negro solo o pasar debajo de un andamio me da miedo, puede tenerme mala suerte”.
No creo que haya que darle muchas vueltas a estos temas. ¿Qué más da una escalera colocada de una forma u otra? ¿una imagen en el armario de tu casa con la espalda hacia la puerta o de diferente manera? Al fin de cuentas, lo que tiene que pasar, va a pasar, y siempre con el concurso de las personas que intervenimos en las acciones. Es la libertad de las personas, las opciones personales, las tomas de postura que vamos teniendo lo que influye en que una cosa sea de una u otra forma.
No, no soy supersticioso. No hay razonamientos que me lo avalen. Sí, ya sé que todo no cuestión de razonamientos y de argumentos. Pero sí que en todo hay mucho de sentido común. Y esto es precisamente lo que no encuentro en las supersticiones, que son más bien creadas por la mente de cada uno y el ambiente donde se ha educado.