El guerrero de la luz siempre mantiene su corazón
limpio de sentimientos de odio.
Cuando se dirige a la lucha, recuerda las palabras de Cristo:
"Amad a vuestros enemigos".
Y obedece.
Pero sabe que el acto de perdonar no obliga a aceptarlo todo;
un guerrero no puede bajar la cabeza,
pues de hacerlo perdería de vista el horizonte de sus sueños.
Acepta que los adversarios están allí para poner a prueba su bravura,
su persistencia, su capacidad de tomar decisiones.
Ellos lo obligan a luchar por sus sueños.
Es la experiencia del combate lo que fortalece al guerrero de la luz.
P. Coelho