Hay dos cosas que me han llamado la atención leyendo la prensa del dia. Por un lado, que están investigando al ex primer ministro francés por un supuesto intento de trama incriminatoria contra Sarkozy para así evitar su relanzamiento a la presidencia francesa. Esto se une a las operaciones judiciales que de último se han destapado en España: aquí en las Islas Canarias en prácticamente casi todas hay alcaldes, concejales, empresarios, funcionarios imputados en presuntos delitos de estar cobrando comisiones de dinero sustanciosas a cambio de adjudicar obras faraónicas o menos importantes. También en otras partes de España: Marbella, Alicante, Mallorca, pueblos de Madrid, otros de Andalucía. Y en estos días también a un juez de Marbella que investigaba temas de corrupción y parece implicado en ellos. Hace un tiempo también en Canarias a otro magistrado.
En principio todas estas cosas hacen que los ciudadanos de a pie desconfiemos de la política, y muchas veces cuando llegan las elecciones nos abstengamos de votar. Cosa mal hecha, a mi juicio. Porque los votos que no llegan dejan en su sitio a los que ya están apoltronados, o por lo menos tienen más posibilidades. Y por otra parte que los jueces estén interviniendo en estas cosas es buena señal, significa que la justicia funciona para todos igual. Y eso da más seguridad. Aunque sigue existiendo el problema de la lentitud: un caso sea el que fuere producido hace cuatro o cinco años es ahora cuando se juzga, con el riesgo de que un imputado que sea inocente esté pagando las consecuencias sin necesidad. Un poco más de prisa en estas cosas no vendría mal. Supongo que para ello habrá que dedicar por parte de los gobiernos mas medios humanos y técnicos a la Administración de Justicia en cualquier parte y país.
Y la segunda cosa que me ha llamado la atención en la prensa es una revista de fin de semana que viene adjunta y trae el relato fotográfico de la boda de la hija de uno de los mayores empresarios de las islas. Estaban autoridades de todos los signos políticos y de todas las islas, cada uno con su señora o con su esposo. Era asombroso el lujo de los trajes que cada uno llevaba, sobre todo se nota más en las señoras, pero no dejaba de verse el estreno de los caballeros. Trajes que cuestan mas de mil y dos mil euros, igual hasta corto me quedo pues no soy habitual de dichas fiestas, y que seguro no se pondrán ya para otra ocasión porque no está bien visto repetir la misma vestimenta. ¡Qué lujo! ¡Qué fasto y qué gasto! Aparte de los billetes de avión de una isla para otra. Me pregunto si esos gastos son a cargo del bolsillo particular de cada uno o también entran en los presupuestos de las diferentes instituciones políticas. Me pregunto si estas cosas sociales no podrían ser más sencillas. Si me hubieran invitado a mí por ser pariente lejano, amigo o compañero de alguien de la familia, seguro que no hubiera podido ir a la boda. No tengo ese dinero extra para esos fastos. Y confieso que ya me ha pasado más de una ocasión. Al no ir he tenido que presentar disculpas que no son. Si hubiera ido, hubiera hecho el ridículo en medio de esas solemnidades.